Nadie te prepara para vivir la infertilidad

By
Anonimo
April 3, 2026
Foto de RDNE Stock Project

Soy una mujer de 37 años, originaria de Zacatecas, una ciudad en el centro de México. A mi esposo lo conocí cuando los dos estábamos en la etapa universitaria y nos casamos a los tres años de conocernos. Nuestra historia fue muy linda; desde el principio yo estuve muy enamorada de él y siempre se me hacía guapísimo.

Nos casamos en el año 2017 y nuestra luna de miel fue espectacular. Conocimos el sudeste asiático: Singapur, Camboya, Malasia y Tailandia. Al principio del matrimonio no queríamos tener hijos de inmediato; queríamos disfrutar, viajar, y así fue. Después de la luna de miel, viajamos a Japón y China, conocimos Colombia, hicimos el Eurotrip y viajamos a Perú para conocer Machu Picchu. Los primeros años de matrimonio fueron una delicia. Nos disfrutamos mucho como pareja y conocimos lugares que nunca creímos que visitaríamos.

Pero el gran dilema llegó cuando ya queríamos formar una familia. Después de no quedar embarazada ni una sola vez en esos primeros años, algo se nos empezó a hacer raro. Todo comenzó en el invierno de 2020, cuando decidimos empezar la búsqueda del mejor doctor o la mejor clínica para tratar una supuesta infertilidad primaria. Sentimientos nuevos, sentimientos nunca antes experimentados, pero decididos a que estaríamos en las mejores manos.

Recuerdo el primer diagnóstico que me paralizó: obstrucción tubaria distal bilateral. En ese momento se me vino a la mente un montón de ideas que no sabía ni cómo iba a resolver. Sumado a eso, tendría que hacer el estudio de la histerosalpingografía para checar que, efectivamente, las trompas estuvieran permeables. Fue el primer paso, pero también el más difícil de aceptar en el largo camino que estábamos por recorrer. Para empezar el siguiente año, y mal asesorados, nos mandaron a una clínica de fertilidad sin haber hecho ningún estudio previo de mi caso, con el objetivo de hacer fertilización in vitro directamente.

Mi esposo y yo no sabíamos de qué trataba esto y, sin información suficiente, accedimos creyendo que sería la solución a nuestro problema. No puedo explicar con claridad lo difícil que es entrar a una clínica de reproducción asistida y que te quieran vender a toda costa la idea de tener un bebé. Desde el primer momento me sentía desconectada de mí, de mi ser, de mi cuerpo. Aun así, decidí entrar en este duro proceso para lograr tener a mi bebé. Fueron muchos meses de preparación física, cambios emocionales, muchísimo desgaste económico, vueltas interminables en mi cabeza, preguntas sin respuesta, consultas y más consultas, agujas y medicamentos que no sabía si podría resistir.

Mi primer tratamiento fue una FIV que, tan solo de recordarlo, me da pavor. Nunca estuve realmente preparada para hacerlo, pero tampoco sabía que iba a ser tan pesado. Cuando por fin recibí el resultado negativo, mi mundo se desmoronó. Después de tanto esfuerzo físico, de ponerle muchísimas ganas para que funcionara, de aventurarme a algo completamente desconocido, fue muy complicado de asimilar.

Pasamos todo un año pensando qué pudimos hacer mal para que el tratamiento no funcionara. Mi esposo y yo, muy angustiados, decidimos escuchar una segunda opinión y cambiar de clínica de fertilidad. Para el año siguiente, en 2022, estuvimos con otro doctor y un protocolo distinto. Además, me realizaron la primera cirugía de laparoscopía, ya que la causa de todo podría ser una posible endometriosis. La cirugía se hizo por medio de ablación, que consiste en extirpar el tejido dañado y quemarlo, por lo que fue muy dolorosa y la recuperación bastante difícil.

Pasaron algunos meses después de la cirugía y el embarazo no llegaba de forma natural, así que decidimos probar otro método por medio de una inseminación. El tratamiento tampoco nos ayudó, porque la cirugía no se realizó correctamente; lo único que hicieron fue tapar un poco la enfermedad, pero sin haberla reparado en su totalidad. En mayo de ese mismo año, después de realizarme la inseminación, tuve un embarazo bioquímico: la prueba casera salió positiva, pero a los pocos días lo perdí. El embarazo no se había logrado. Los meses iban pasando y el camino cada vez se hacía más pesado y largo. Fue una etapa muy dura para mi matrimonio, y esto apenas empezaba. Apenas llevábamos dos años en la búsqueda de nuestro milagro.

Después de hablar con distintas personas e investigar más acerca de la endometriosis —sus causas, tratamientos y complejidad— una amiga nos recomendó la naprotecnología. La naprotecnología es una ciencia relativamente nueva que busca restaurar la fertilidad de forma natural y, a la vez, diagnosticar y tratar las causas subyacentes de la infertilidad y de los problemas reproductivos, sin recurrir a la reproducción asistida. Empezamos a investigar dónde podríamos atendernos, ya que en Monterrey, donde actualmente radicamos, no hay esta clínica. Aun así, estábamos convencidos de que queríamos probar algo distinto.

Estuvimos en consultas con el doctor Fernando Urquiza y Conde. Él fue quien nos orientó y nos ayudó a dar el primer paso: graficar con el método Creighton para detectar cualquier anomalía en el ciclo menstrual y, a partir de ahí, avanzar. Fue un periodo tenso y de mucho aprendizaje, ya que no estaba familiarizada con el método y apenas sabía colocar las estampas en la gráfica. Tuvimos sesiones de entrenamiento con una persona experta y, al concluir mis tres gráficas, el doctor me mandó a hacer una resonancia magnética. La resonancia era clave para diagnosticar y mapear la endometriosis, ya que ofrece imágenes detalladas de alta resolución. Para hacer este estudio tuve que trasladarme a la Ciudad de México, a un centro especializado.

Al terminar el estudio, los resultados me abrumaron. Meses después, el doctor nos explicó que sería una cirugía complicada. Mi cuerpo ya se sentía listo para mi tercera cirugía por infertilidad. Al terminar la cirugía, me sentí una persona completamente distinta.

Habían pasado casi cinco años desde que iniciamos este camino. Fue el mejor regalo que la vida nos pudo dar después de tanto sufrimiento y dolor.

Comparte tu historia

¿Quieres contar lo que has vivido? ¿Algo que estás procesando? ¿Un momento que te transformó?

Escríbelo. Tu historia importa. Y puede ser un faro para otra.

Thank you! Your submission has been received!
Oops! Something went wrong while submitting the form.
Instructor