Soy parte de la secta de mujeres que usan máscaras de LEDs.

Hace casi tres años que pertenezco a la secta de mujeres que usa diariamente una máscara de LEDs. ¿Que por qué lo hago? Porque quiero evitar arrugarme y, aunque usé Botox por varios años, ahora llevo 2 años sin usarlo y estoy haciendo lo posible por no volver a él —aunque no puedo asegurar que en el futuro no regrese.
Por lo pronto, les cuento cómo me uní a este clan: la verdad fue por moda, por influencia de las redes sociales. Apenas vi estas máscaras y los beneficios que tenían, decidí que la necesitaba en mi vida. Casualmente, viajé a Estados Unidos y allí la compré: la máscara de Dr. Dennis Gross, respaldada por varios estudios sobre los beneficios de la luz LED en la piel. Sin embargo, aquí no voy a hablar de los estudios, solo quiero hablar de mi experiencia.
Todo comenzó por allá en el 2023, y desde entonces he sido muy, pero muy juiciosa con el uso diario dela máscara. No puedo asegurarles que hoy estoy mejor que hace tres años; lo que sí veo con claridad es que estoy prácticamente igual, y eso para mí ya es un"sí funciona". Porque en tres años debería haberme arrugado más, sobre todo sin usar bótox, pero cuando comparo fotos de ese año con las de ahora, el cambio es mínimo.
Lo que sí les puedo asegurar es que esos 3 minutos se han vuelto uno de mis rituales diarios: todos los días, al salir de bañarme, me la coloco, y mientras pasa el tiempo, aprovecho para darme un rico masaje corporal con crema o aceites. Al terminar, unto crema o sérum en la cara, y siempre mi bloqueador solar. Con esto siento que le estoy dando amorcito a mi piel, de pies a cabeza.
No estoy segura de que sea la máscara la encargada de que mi cara se vea así, o si solo es cuestión de genética. Pero lo que sí sé es que esos 3 minutos ya son un hábito que no pienso soltar. Y creo que, más que el resultado, lo que me ha dado esto son esos 3 minutos de pausa que me regalo a mí misma todos los días; es conmigo, mí y ese tiempo para y conmigo y eso ya es ganancia.

