Purga con tabaco (Parte 2)

By
María del Valle.
June 18, 2026
Mi botiquin

Y como les adelanté, la mejor parte comenzó al día siguiente de la purga. Me desperté temprano, como siempre, pero a diferencia de todos mis otros despertares, mi cuerpo no pedia café, ni harinas, ni nada pesado. Solo pedía avena con fruta. Lo escuché, y le di justo eso. Estaba tranquila, sin ansiedad, sin molestias. Hice una meditación y sentí una conexión profunda. Tenía el estómago completamente vacío, y eso facilitó todo. Me sentía ligera… del cuerpo, pero también de la mente y del corazón. Liviana es la palabra correcta.

Los días pasaron y seguía sin poder comer comida procesada. No se me antojaban el azúcar, el pan ni la carne roja. Y lo más impresionante: cuando por fin me animé a tomar café —como he hecho toda mi vida— me provocó ansiedad y taquicardia. Nunca me había pasado eso. O tal vez sí, y yo no lo notaba. Al día siguiente probé el mate (otro clásico de mis mañanas)… y me fue peor. Ansiedad a tope. Para que se den una idea, tuve que subirme a la bici y pedalear 13 kilómetros para calmarme. Sentía un león enjaulado en mi cabeza: pensamientos sin freno, palpitaciones, Zozobra, sentía como si el cerebro se me hubiese inflamado y me pesara dentro de la cabeza.Luego investigué y es un efecto secundario de la cafeína y se llama inflación mental. Muy feo.

Hoy que escribo esto han pasado más de dos meses y sigo sin poder consumir esos estimulantes, mientras que a la harina, azúcar y carne ya regresé, pero con muchísima moderación. Mis antojos se sacian rápido. Y la necesidad de fumar marihuana se esfumó por completo. Tal como Tefa me lo había dicho.

He intentado organizar en mi cabeza todo lo que pasó y lo que estoy sintiendo, pero no es fácil. Esta purga fue a muchos niveles. Les he contado más de lo físico, pero lo realmente profundo fue todo lo que sacó de mi rutina: el café, el mate, la marihuana para dormir… todo eso se fue. Y con ello, se fue también gran parte de mi ansiedad. Hoy reacciono menos, juzgo menos y mi mente está mucho más en paz.

Me siento más enfocada, más presente. Antes cualquier cosa me detonaba; hoy no. Antes me juzgaba con dureza; hoy siento que me habito con más ternura. Me ha dejado de preocupar la vida ajena: la de mis hermanos, mi madre, mis amigas… Hoy tengo un profundo respeto y agradecimiento por el abuelo tabaco. Su poder sanador me transformó. Tanto así que decidí que voy a hacer esta ceremonia mínimo una vez al año. Aún escucho las palabras dela chamana: “¿Limpias todo… y cuándo te limpias tú por dentro?”. Esta vez, lo entendí de verdad.

Podría seguir escribiendo y contando todo lo que se movió después porque siguen pasando cosas, pero en realidad necesitaba compartir esto porque siento que esta experiencia me cambió la vida. Me volvió más consciente; hoy me enfoco menos hacia afuera y mucho más hacia adentro.Menos impulsiva, más compasiva. Menos juez, más humana, pero antes que con los demás, conmigo misma.

Y curiosamente, la ceremonia de ayahuasca que iba a tener después… nunca sucedió. La chamana se enfermó y se canceló. Pero dos días después, en medio del proceso de integración de la purga, hice una ceremonia con hongos sagrados que tenía en casa. (Esa historia merece otro relato que también quiero compartir).

Justo después de ambas ceremonias tenía planeado un viaje a Canadá, programado desde hacía meses. Me fui un mes, sola.Y gracias a Dios, porque necesitaba tiempo y espacio para mí, para digerir todo lo que estaba viviendo. Con la ayuda de mi terapeuta, entendí que algo en mí había muerto… pero algo nuevo también estaba naciendo. Una nueva versión de mí, más ecuánime, más congruente, más real.

El cambio ha sido tan visible que perdí casi tres kilos. Pero más allá del peso físico, siento que solté muchas cargas emocionales que me hacían comer y retener liquido y grasa de forma distinta. Hoy hace un mes que regresé, pero apenas llevo 15 días en casa, conviviendo nuevamente con mi esposo —trabajamos los dos desde aquí— y su asombro ha sido constante. Me pregunta varias veces al día si estoy bien, si me pasa algo. No entiende cómo puedo estar tan tranquila. Me dice que soy otra persona, que ya no reacciono igual, que la casa se siente más armoniosa. Y tiene razón: ambos hemos cambiado.

Como bien dijo Max DePree: “No podemos convertirnos en lo que queremos, permaneciendo en lo que somos”.

Qué gran frase, pero cuánta incomodidad envuelve.

Gracias por llegar hasta aqui, espero que esta historia te inspire de alguna manera.

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