Yo ya no vivo en ti, pero tú siempre vivirás en mí Venezuela.

María del Valle.
July 3, 2026

Como inmigrante que ha vivido más años fuera de su país que en él, uno pensaría que las raíces van mutando o se van haciendo más débiles con el pasar de los días, la verdad es que no es así.

 

El haber visto a mi país deteriorarse con cada año que pasaba ha sido muy doloroso, pero no se compara con lo que ha sido ver a parte de mis hermanos bajo los escombros de dos terremotos que azotaron con fuerza a Venezuela. Por más años que llevo en México— un país que siento como mío y que me ha dado una familia, un esposo, tres profesiones y un millár de amigos — Venezuela me sigue doliendo, porque aunque yo me fui de ella, ella nunca ha salido de mí.

 

Hoy veo a todos esos venezolanos que tuvimos que dejar nuestra tierra — por una u otra razón — regados en muchos rincones del mundo, llorando y sufriendo como yo, pegados a una pantalla, queriendo estar ahí, queriendo ayudar más. Nuestro cuerpo está el lugar que estamos, pero nosotros no... nosotros estamos en La Guaira, en Caracas y en todas esas zonas afectadas. Nosotros estamos con ellos.

 

Después de días de torturarme por redes, creyendo que de esta forma estaba empatizando más con lo sucedido, me di un tiempo para reflexionar. Fue cuando mi esposo me hizo esta observación: “Con esto no estás ayudando, solo te estás haciendo daño.” Me dolió horrible, pero tenía razón. Me alejé de las pantallas y pude pensar con claridad sobre cómo ayudar sin romperme el corazón en el trayecto.

 

Decidí hacer que cada amigo que me preguntara por Venezuela donara algo — lo que pudiera. Decidí meditar, prender una vela y mandar toda mi energía de esperanza a esas personas que lo perdieron todo. Decidí compartir contenido que nos sostenga y nos ayude. Y me di cuenta de que esto ayudaba infinitamente más que quedarme mirando imágenes que me destrozaban el alma.

 

Creo que todos los que estamos afuera pasamos por esto. Pero también creo que estamos impactados con la respuesta internacional — tan rápida, tan contundente, tan llena de amor — y con los mensajes de cariño de todas esas personas que nos quieren en los distintos países que habitamos. Y cuando pienso en eso, no dejo de sentirme orgullosa por esas semillas de amor hacia Venezuela que hemos sembrado cada uno de nosotros que tuvimos que partir.

 

Donde llegamos la gente nos quiere. Se nota en todas esas personas que hemos ayudado en nuestro andar, en todos los que hemos hecho reír con nuestra picardía tan única — porque así somos: buena gente, alegres, trabajadores, honestos.

 

Y creo que todos los que estamos lejos deberíamos sentirnos orgullosos de cómo hemos puesto a Venezuela en grande donde quiera que estemos. Porque eso hoy se nota — cuando diferentes países salen a ayudarnos de la forma en que lo han hecho. Y eso, mi gente, es gracias a quienes somos.

 

Gracias, Venezuela, porque no pude nacer en un país mejor. Y estoy segura de que de esta vez también nos vamos a levantar — más fuertes, pero sobre todo más unidos como paíque nunca.

Cada historia que escribo nace de algo que sentí profundamente. No están aquí para enseñarte nada, pero ojalá alguna te abrace, te haga pensar, o simplemente te haga sentir que no estás sola.

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