Mi victoria.

By
Dali
May 5, 2026
Foto: Anete Lusia by Pexels.

No sé exactamente cuándo comencé a ser codependiente de mis parejas. He tratado de encontrar la raíz en la relación destructiva de mis papás o quizá en alguno de mis primeros amores en secundaria. Lo que sí sé es cuándo dejé de serlo… y lo bien que se siente liberarse de ataduras que solo asfixian el alma.

Y no, no fue a través de terapias. Probé todo tipo de acompañamiento que me salvara de mí misma, de mis demonios… desde Reiki hasta hipnosis y regresiones. Buscaba la respuesta, la pieza que me faltaba y por la cual yo era frágil ante parejas narcisistas y destructivas.

Pero todo llegó inesperadamente, a través de una experiencia que me enseñó a valorar mi vida, mis dones, mi entorno y, sobretodo, mi tiempo. Me enamoré de un hombre que falleció a los pocos meses de empezar a conocernos. Fue un gran ser humano: excepcional, sensible y honesto.Él creía en mí más de lo que yo lo hacía. Queríamos un futuro juntos, aunque la distancia nos lo impedía.

Yo tenía miedo. Miedo de que, al enamorarme intensamente de él, despertaran mis patrones codependientes, especialmente en la etapa en la que vivo hoy como madre soltera. Una relación destructiva no solo significaría mi caída, sino también un daño colateral para mi hijo. Y ese era un precio que no estaba dispuesta a pagar.

Sin darme cuenta, empecé a poner límites. Y lo más duro… sin saber que estaba frente al amor de mi vida, sin saber que sus días estaban contados. No entré de lleno en esa relación y, aun así, ha sido la experiencia más catártica de mi vida.

Empecé a resignificarme. A reconstruir a la mujer que dormía en mi interior. Volví a mirarme en el espejo con amor, lejos de la dismorfia corporal con la que había crecido. Poco a poco me fui levantando.Habían sido tantas caídas que ya estaba acostumbrada a tener la autoestima en el suelo. Ante el mundo llevaba la máscara de una mujer fuerte e inquebrantable, pero por dentro mi alma se sentía cada vez más triturada.

Mi victoria fue mi reconstrucción. Y cuando por fin me sentí lista para estar con el amor de mi vida… él ya había partido.Durante ese duelo pensé que nos había ganado el tiempo. Me repetía: “¿Y si hubieras estado lista antes?”. Quería correr a su tumba y llevarle flores, cuando en vida caminé a su lado a paso lento, a la distancia.

Después entendí que todo tiene su tiempo. Y por más que nos cueste aceptarlo, los tiempos de Dios son perfectos. El tiempo que una persona pasa por nuestra vida también lo es, y la huella que deja depende de qué tan abiertas estén las arenas de nuestra alma para permitir que su voz haga eco para siempre en nosotros.

Mi victoria es, fue y será este parteaguas. El momento en el que entendí que, incluso amando profundamente, los límites también son amor. Que mi intuición siempre va un paso adelante. Y que micorazón puede resignificarse a través de un amor incondicional y eterno.

 

Comparte tu historia

¿Quieres contar lo que has vivido? ¿Algo que estás procesando? ¿Un momento que te transformó?

Escríbelo. Tu historia importa. Y puede ser un faro para otra.

Thank you! Your submission has been received!
Oops! Something went wrong while submitting the form.
Instructor