Mi familia soy yo.

By
Laura
May 5, 2026
Foto: Michelle Hart by Pexels.

Soy sobreviviente de violencia familiar.

Durante años traté de mantener unida a mi familia.Dejé mis sueños por la maternidad, y no me arrepiento. Sin embargo, todo cambió cuando mi padre murió.

Lo que pensé que era un esposo “típico macho” se transformó en algo mucho más profundo: abuso narcisista, violencia psicológica, emocional, vicaria, económica, patrimonial y sexual. Mi cuerpo colapsó. Tuve dos embolias, enfermedad de Crohn e insuficiencia cardíaca.

Mis hijas crecieron y se fueron a otros países a seguir sus estudios. Mi esposo fue trasladado por trabajo… y yo me quedé. Comencé a perder peso. Llegaron la anemia y la desnutrición, porque no me depositaba lo suficiente para cubrir mis gastos. Un vecino me llevó a urgencias. Estuve en terapia intensiva. Me transfundieron plaquetas, hierro. Me operaron del intestino por un sangrado interno.

Y aun así, mi esposo firmó mi alta voluntaria… y la violencia continuó.

Hasta que tomé una decisión: demandarlo y pedir una orden de restricción. Hace tres años me operaron del corazón. Mis hijas no me hablaron. Tengo años sin saber nada de ellas.

He vivido en abandono, aislada. Perdí amistades por la campaña de difamación de mi agresor. Mis carpetas de investigación no avanzan en los juzgados. Ha sido muy difícil encontrar una red de apoyo. Hoy tengo una gatita que me hace levantarme cada día.

Y tengo la escritura. He comenzado a escribir mi historia como un diálogo entre Laura y su niña interior. Soy hija única. Mis padres y el tercero de mis hijos están en el cielo.

La escritura, mi gatita, los recuerdos de mi niñez, la tanatología, las humanidades y los derechos humanos… son hoy mi faro de luz. Volver a mí, atravesar las etapas del duelo, sostener mi diálogo interno y conocer mis sombras, me están dando una nueva estructura para reconstruirme.

Hoy elijo mi soledad con dignidad. Elijo el auto cuidado como sentido de vida.

Y cuando tengo la oportunidad de contar mi historia, doy gracias por poder ser la voz de tantas mujeres que han sido silenciadas. Porque cuando una mujer lo pierde todo… también pierde el miedo.

El miedo de incomodar.
El miedo de señalar.

Al poder judicial.
A las instituciones corruptas.
A una sociedad donde todavía impera el patriarcado.

 

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