El duende de la fibromialgia.

By
Rosalba.
January 29, 2026
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Foto de Ran Liwen en Unsplash

Me descubrí en una vida paralela. Un día cualquiera y en cualquier lugar, mi cuerpo comenzó a revelarme que aquí somos tres: Él, mi mente y el duende que puso su mirada en mí. Tres usuarios que comparten una misma vida.

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Cada uno es autónomo, pero en ocasiones la conexión depende de quién sea más audaz y logre tomar el control. Ese darme cuenta me tomó tiempo. Entender que había un ser dentro de mí que desataba su furia con toda la frecuencia, dejándome devastada e impidiéndome hacer mi vida.

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Sus episodios de ira dejaban mucho dolor. Una inmensa dolencia física que acompañaba al más triste sufrimiento de ver cómo, poco a poco, todos se alejaban, me ignoraban y ni siquiera creían la verdad sobre lo que sucedía.

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A la medianoche, en la mañana, en la tarde, despertaba para sacarme los dolores más extraños de mi cuerpo, mi cerebro, mi mente y mi alma. El despertar es agotador. Entumecida, con niebla cerebral, ojos secos y una centena de síntomas más han sido mis amaneceres durante tantos días que ya olvidé cómo se vive sin dolor. Con certeza, "la enfermedad" trae infinidad de manifestaciones físicas, neurológicas y emocionales. Algunos médicos no la reconocen y tampoco se refleja en los estudios médicos la presencia; no hay avances científicos para descubrir alivio alguno. Aprender a saber que existe, que vive en mí, me ha dado un poco de paz. Lentamente, he descubierto qué cosas no debo hacer, y así puedo aceptar que está, a pesar de que trabajamos para que un día simplemente desaparezca. Tomar la vida con calma, yoga, meditar, respirar, dormir, saber alimentarme, tomar mis vitaminas y suplementos, un poco de ejercicio, escribir, amar, reír, bailar, viajar, hacer solo lo que me agrada y me hace feliz y estar en paz conmigo, un poco de masajes, agujas y saunas: esa es la rutina de vida que debo mantener para no despertar al duende con su furia hiriente.

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Ha resultado complejo aceptar esa presencia. Después de múltiples batallas he descubierto también que siempre debo ser la protagonista de mi vida.

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La primera y última opción. Aprender a convivir con él.

El duende se hace llamar fibromialgia.

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