El duende de la fibromialgia

Me descubrí en una vida paralela. Un día cualquiera y en cualquier lugar, mi cuerpo comenzó a revelarme que aquí somos tres: Él, mi mente y el duende que puso su mirada en mí. Tres usuarios que comparten una misma vida.
Cada uno es autónomo, pero en ocasiones la conexión depende de quién sea más audaz y logre tomar el control. Ese darme cuenta me tomó tiempo. Entender que había un ser dentro de mí que desataba su furia con toda la frecuencia, dejándome devastada e impidiéndome hacer mi vida.
Sus episodios de ira dejaban mucho dolor. Una inmensa dolencia física que acompañaba al más triste sufrimiento de ver cómo, poco a poco, todos se alejaban, me ignoraban y ni siquiera creían la verdad sobre lo que sucedía.
A la medianoche, en la mañana, en la tarde, despertaba para sacarme los dolores más extraños de mi cuerpo, mi cerebro, mi mente y mi alma. El despertar es agotador. Entumecida, con niebla cerebral, ojos secos y una centena de síntomas más han sido mis amaneceres durante tantos días que ya olvidé cómo se vive sin dolor. Con certeza, "la enfermedad" trae infinidad de manifestaciones físicas, neurológicas y emocionales. Algunos médicos no la reconocen y tampoco se refleja en los estudios médicos la presencia; no hay avances científicos para descubrir alivio alguno. Aprender a saber que existe, que vive en mí, me ha dado un poco de paz. Lentamente, he descubierto qué cosas no debo hacer, y así puedo aceptar que está, a pesar de que trabajamos para que un día simplemente desaparezca. Tomar la vida con calma, yoga, meditar, respirar, dormir, saber alimentarme, tomar mis vitaminas y suplementos, un poco de ejercicio, escribir, amar, reír, bailar, viajar, hacer solo lo que me agrada y me hace feliz y estar en paz conmigo, un poco de masajes, agujas y saunas: esa es la rutina de vida que debo mantener para no despertar al duende con su furia hiriente.
Ha resultado complejo aceptar esa presencia. Después de múltiples batallas he descubierto también que siempre debo ser la protagonista de mi vida.
La primera y última opción. Aprender a convivir con él.
El duende se hace llamar fibromialgia.

