Cuando mi comunidad de mujeres me ayudó a empezar de cero. By Sara

Nuestra lectora Sara nos comparte desde el agradecimiento cómo su tribu de mujeres la sostuvo en sus momentos más vulnerables y la ayudó a volver a comenzar. Un testimonio que nos recuerda la importancia de hacer comunidad entre nosotras, esperamos que te historia te abracen. Gracias Sara.
Hoy escribo esto para agradecer. Porque incluso en los momentos más oscuros de mi vida, nunca estuve completamente sola. Siempre hubo mujeres que eligieron sostenerme cuando yo ya no podía hacerlo por mí misma.
Hubo dos etapas muy claras en las que viví en carne propia lo que significa tener una comunidad de mujeres que te abraza.
La primera fue cuando me divorcié. Tenía 21 años y todo mi mundo se estaba desmoronando, lo cual es otra historia, pero tomar esa decisión implicaba realizar una serie de cambios que me daban pánico, en verdad, pánico. No solo estaba terminando una relación, estaba soltando una vida entera, un trabajo, una ciudad, saliéndome de una comunidad a la que ya no pertenecía. En medio de ese caos, dos amigas me ofrecieron algo que jamás se me olvidará: su casa. Su apoyo me dio la valentía para tomar esa gran decisión, DIVORCIARME, y eso cambiaría mi vida para siempre.
En esa misma etapa, me cambié de ciudad a los pocos meses, mudándome a CDMX, y ahí fue mi mamá y mi abuela quienes me abrieron las puertas de su casa hasta que encontrara trabajo, casa y estabilidad. Su apoyo no fue solo material; también me sentí refugiada, protegida.
La segunda etapa fue cuando, a los 29 años, me quedé sin trabajo de un día para otro. Sin liquidación, sin dinero, sin saber qué iba a hacer, estaba totalmente deprimida, con ansiedad y sin energía. Y ahí, una de mis mejores amigas, ya casada y con dos hijos pequeños, me abrió las puertas de su hogar y lo agradezco profundamente. Viví con ellos algunos meses y me apoyó también de muchas maneras, y así una vez más, esto me permitió empezar de cero.
Y en cada una de estas historias hay otras tantas mujeres, que me apoyaron de otras tantas maneras: la que me escuchó, la que me acompañó, la que me dijo esas palabras clave que me quedaron grabadas y me dio la valentía o la comprensión de lo que estaba viviendo, la que me ofreció trabajo, la que me recomendó, la que me hizo reír, la que me invitó a cenar, la que me invitó a bailar. Mucho apoyo demostrado de tantas maneras.
No cuento esto para decir que solo he recibido apoyo de mujeres. A lo largo de mi vida también ha habido hombres tan maravillosos que me han acompañado y ayudado de otras tantas maneras. Pero me llama la atención que en mis momentos más oscuros, cuando todo parecía derrumbarse, fueron mujeres, amigas, madres, abuelas, hermanas, quienes se convirtieron en mi lugar seguro.
Y creo que eso merece ser contado y celebrado.
Gracias a las mujeres que se apoyan entre sí.
Gracias a las que no preguntan demasiado y simplemente abren la puerta.
Gracias a las que sostienen sin exigir, que acompañan sin juzgar.
Gracias a las que escuchan. Gracias a las que aman.
Estas vivencias me enseñaron que yo, desde mi propia trinchera, también puedo ser ese apoyo. Puedo alentar y acompañar con la empatía que nos distingue. Y cuando alguien necesite empezar de cero, estar ahí para apoyarla.

