Cuando el tratamiento in vitro no funciona ¿Qué? (parte 5)

By
María del Valle.
March 19, 2026

La liberación que me dio aquella ceremonia con hongos no la hubiese conseguido tan tajante ni con tanta claridad de otra manera. Sin embargo, quiero dejar algo muy claro: no recomiendo trabajar con plantas sagradas a cualquier persona. Es un camino delicado que requiere preparación, contención y guía profesional, emocional y espiritual. Dicho esto, continúo con mi relato.

Pasaron los días después de la ceremonia. Pedí una cita con mi terapeuta para integrar todo lo vivido, para poner en palabras esas imágenes, sensaciones y verdades que habían emergido sin aviso. Me ayudó mucho poder rebotar esa información con alguien que me conocía. Aun así, esa semana seguía llorando a cada rato, de la nada. Me sorprendía a mí misma. ¿Cómo había guardado tanto llanto? ¿Por qué no me había permitido sentir ese dolor? ¿Qué me lo había impedido?

Una de las conclusiones a las que llegué fue esta: como cualquier humana, huyo del dolor. Y también me cuesta reconocer cuando algo no salió como esperaba. Me duele sentir que fracasé. Que no fui lo suficientemente buena. Y por evitar todo eso, fui acumulando tensión, emociones y resistencia… hasta que todo ese nudo se alojó, literal, entre mi omóplato izquierdo y el corazón. Dolía. Cada vez más. Y, aunque me hubiera hecho todos los estudios médicos del mundo, jamás habría llegado a la raíz, porque mi dolor era una simple somatización de todo el peso que estaba cargando...

A partir de ahí, todo comenzó a cambiar. El dolor cedió. Mi estado de ánimo se suavizó. La reactividad bajó. Mi alegría empezó a asomarse de nuevo, pero no de golpe. Fue un proceso lento, paciente, donde tuve que reconstruirme desde adentro. Finalmente, entendí lo rota que me había dejado esta experiencia. Y esa fue la primera verdad que tuve que aceptar para comenzar a sanar.

Poco después, me fui a Canadá por un mes, a mejorar mi inglés. Ese viaje fue una bendición. Sentía que una parte de mí había muerto y necesitaba tiempo, espacio y silencio para volver a nacer. Para reconocerme. Para valorarme. Durante varias etapas de mi vida he comprobado que el tiempo a solas es medicina profunda. Es uno de mis grandes bálsamos.

Me instalé en Victoria, BC. Escribí todos los días. Puse en pausa mis relaciones (menos la de mi esposo, con quien sí hablaba). Necesitaba silencio. Necesitaba enfocarme en otra cosa. Estar en un lugar desconocido me ayudó a entender que la vida seguía. Que el mundo no se había detenido. Que yo seguía siendo mujer. Que seguía siendo valiosa. Que tal vez, solo tal vez, una vida sin hijos podía ser también maravillosa.

En medio de ese proceso busqué un refugio. Navegué la web intentando encontrar historias similares, grupos de apoyo, libros sobre mujeres que no pudieron embarazarse. Quería entender lo que me estaba pasando, sobre todo en la cabeza. Pero no encontré nada. O no lo suficiente.

Para entonces, ya había comenzado a planear el blog. Pero no tenía un objetivo claro. Solo quería subir algunos relatos y compartir yoga, mi herramienta sagrada. Fue ahí, justo ahí, cuando Soy Humana tomó sentido. Se volvió propósito. Quise que se convirtiera en un refugio digital donde hablar sin vergüenza de estos temas que incomodan. Porque les juro que cuando se hablan, se empieza a sanar. Y una deja de creer que está sola, que es la única. No lo eres. Somos muchas.

Somos muchas las que atravesamos estos procesos en silencio. Pero eso no nos hace más fuertes ni más dignas. Como dijo Buda:
“El dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional.”

Las mujeres tenemos un don: el de transformar nuestro dolor. De parir luz en medio de las sombras. De engendrar proyectos, espacios y palabras que curan. Este proyecto nace así. Desde las cenizas. Desde lo más profundo. Desde lo más humano.

Así nació Parirme, esta sección del blog donde comparto cómo me parí en medio del caos. Y desde ahí, con el corazón abierto, quiero invitarte a ti también.

Si tú has vivido algo parecido —o algo distinto, pero igual de profundo— y sientes el llamado de ponerlo en palabras, en letras, este espacio también es tuyo.
Aquí puedes contar tu historia. Aquí puedes llorar, sanar, renombrarte.
Aquí somos. Aquí estamos.

¿Quieres compartir tu relato? Escríbeme.

Tal vez lo que tú tienes para contar es justo lo que otra mujer necesita leer para no sentirse sola.

Gracias por el apoyo y la acogida que le han dado al proyecto. Gracias por parirte también.

¡Aho, hermana!

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¿Quieres contar lo que has vivido? ¿Algo que estás procesando? ¿Un momento que te transformó?

Escríbelo. Tu historia importa. Y puede ser un faro para otra.

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