Cuando el tratamiento in vitro no funciona, ¿qué? (Parte 3)

By
María del Valle
January 10, 2026
Relatos

Los meses pasaron y, después del viaje, regresé a casa con mi esposo y a la rutina. La tristeza aún se notaba en mis ojos; me sentía extraña. Toda mi energía, por mucho tiempo, había estado enfocada en ese "cuando esto suceda", en ese "cuando por fin me embarace". Toda mi creatividad estaba detenida. No quería comprometerme con nada porque, cuando tuviera al bebé, no iba a tener tiempo para lo demás y tampoco quería hacer nada más.



Hoy entiendo que eso fue un error. Lejos de ayudar, puso mucha más presión sobre el tema, sobre mi relación y, sobre todo, sobre mí misma.


Al no darse el resultado esperado, me quedé en el aire, sin nada de qué agarrarme, en un vacío absoluto. Y aunque suelo pensar que el vacío es esencial para la creación, esta vez ese espacio me daba miedo. No me sentía capaz de empezar nada nuevo, ni siquiera sabía qué quería. Pero era consciente de que necesitaba ocuparme en algo para romper ese círculo de pensamientos. Justo entonces vino mi mamá de visita. Eso me distrajo, pero ni siquiera con ella pude hablar del tema. Dentro de mí, sentía que había fallado. Por más que mi cabeza supiera que no era así, que mi esposo me dijera y me hiciera sentir que todo estaba bien, mi cuerpo sí lo sentía.



Me enfoqué en ayudar a mi cuerpo a liberar todas las hormonas que le había introducido: me movía mucho —baile, caminatas, ejercicio—, comía sano, descansaba, tomaba baños de vapor para ayudar a eliminar toxinas, bebía mucha agua... y, de vez en cuando, me permitía llorar a solas. Pero seguía sintiendo culpa, además de por no poder ser mamá ahora por mi cuerpo. Yo, que tanto cuido mi cuerpo, ¿cómo lo había sometido a ese experimento? A mi templo sagrado. Pasé mucho tiempo pidiéndole perdón. Pero cada vez que llegaba mi periodo, era doloroso e intenso, como si me quisiese recordar lo vivido.


Durante ese tiempo de “recalibración”, empecé a observar otras secuelas de las hormonas. Una de las más duras fue la pérdida del deseo sexual. Me sentía apagada por dentro. Busqué información y comprendí que era normal, y que por suerte era pasajero: el cuerpo estaba reajustándose. Cuando entramos en “modo reproducción”, muchas mujeres nos alejamos del “modo erótico”. Y si a eso le sumamos el bajón hormonal, la tristeza y la apatía... simplemente no hay energía para conectar con el placer.


También aparecieron reflexiones más profundas. En algún momento pensé: “El universo claramente me está diciendo que no voy a ser madre”. Y con esa frase vinieron muchas otras: “Las madres tienen una responsabilidad muy grande: sus hijos”. — “Si yo no tengo hijos, entonces no tengo esa responsabilidad. Me tengo a mí como responsabilidad exclusiva”.


Ahí entendí algo que me cambió la vida. Empecé a notar cómo, con mi familia, con mis amigas, incluso con mi esposo, muchas veces me comportaba como si fuera la mamá de todos. Pero no lo soy. Y nunca lo seré.


Eso fue un parteaguas en mi vida. Como si de pronto se cayera un velo que cubría mis ojos y pudiera ver, con más claridad, los roles que había estado jugando. Roles que no me correspondían, que me desgastaban, que me alejaban de mí. Y entonces, empezó un cambio profundo. Primero dentro de mí. Después, en mi manera de relacionarme. Comencé a hacerme cargo de lo que sí me toca, y me salí de donde no me correspondía estar.


Ahora que lo escribo suena muy fácil y hasta perspicaz, pero la realidad es que ha sido profundamente incómodo. Moverme de un lugar desde donde me había relacionado por tanto tiempo y ahora querer hacerlo desde otro no ha sido sencillo. Más bien abrumador. Para mí, y también para quienes me rodean. Pero la señal fue tan clara que ya no podía ignorarla.


¿Y saben qué? También se sintió liberador. Recuperar mi lugar de hija ante mis padres. De hermana. De esposa. De amiga. Y soltar este rol de madre, que traía cargando desde mucho antes de que sucediera todo esto.


Pero no todo ha sido miel sobre hojuelas. Este tipo de procesos de cambios toman tiempo para integrarse. Pero confío en que las cosas se acomodarán. Que podremos todos relacionarnos desde nuestras posiciones reales, desde un nuevo equilibrio. Aunque               — créame— no está siendo fácil para nadie.


Aquí cierro esta tercera entrega. Me sincero con ustedes. Toco temas que todavía son tabú. Abro el corazón y las entrañas con la esperanza de que ninguna mujer se vuelva a sentir tan sola como yo me sentí en este proceso.


Déjenme sus comentarios con amor y empatía. Soy feliz al leerlas.

Comparte tu historia

¿Quieres contar lo que has vivido? ¿Algo que estás procesando? ¿Un momento que te transformó?

Escríbelo. Tu historia importa. Y puede ser un faro para otra.

Thank you! Your submission has been received!
Oops! Something went wrong while submitting the form.
Instructor